sábado, 18 de enero de 2025

Sobre Fulgor Oscuro de Andrea de Pablo Rodríguez

 

Fulgor Oscuro es una novela BL escrita por la autora española Andrea de Pablo Rodríguez, Licenciada en Filología Hispánica y Maestra en Estudios Avanzados de Historia del Arte. A Andrea la conocí en Instagram, en su perfil brinda información y pone sobre la mesa de debate distintos tópicos, elementos y situaciones dentro del Yaoi o BL, lo que vuelve a su perfil un punto de referencia para la difusión y discusión de este tema. En su novela nos muestra un mundo de fantasía donde conviven de forma no armónica seres de naturalezas distintas, un mundo en guerra por la soberanía.

Aviso que todo lo escrito contiene muchos SPOILERS, por lo que recomiendo no leer esta reseña si no has leído la novela. También aclaro que todo son impresiones mías y que es posible que estas cambien si releo la novela en el futuro. Una última aclaración es que las sagas literarias no son algo con lo que yo tenga amplia experiencia, lo que me vuelve susceptible de mucha ignorancia con respecto a cómo se maneja este tipo de libros.

Dicho todo esto, dejo una lista de elementos que deseo destacar o mencionar por una razón u otra.

1.      Tiene algunos párrafos inconexos, como que algo corta la narración. Aunque son pocos los momentos en que sucede, hubo algunos párrafos donde al pasar de uno al otro no conectaban con el contexto del anterior. Algunas oraciones dentro de los párrafos también daban esa sensación de falta de ritmo, como si se hubiera borrado información en alguna parte.

2.      La escena en el baile de la rosa roja. Cuando Ari se encuentra con la princesa y tienen un intercambio de palabras hostiles, la actitud de Ari fue incómoda. Más allá de si Ari es un ladrón o si estaba celoso, su comportamiento y palabras fueron desagradables de leer. Ari está ante la princesa y tiene suficiente cerebro como para elegir con más sutileza lo que dice. La forma cruda en que decide hablar resulta chocante porque hemos visto que él puede ser mucho más correcto sin dejar de lado su lengua afilada. Por otro lado, la princesa decide aceptar esas palabras faltando a su propia autoridad. Aunque ella está enamorada de Ambrose y no quiere enemistarse con él, considero que la actitud de Angélique también estuvo algo floja.

3.      Descripción de los músculos. Utiliza mucho el adjetivo «fibroso» para hablar de los músculos. No es molesto como tal, pero es usado con suficiente frecuencia como para anticiparse a que aparecerá un una descripción.

4.      No se siente como un libro en sí mismo, sino como una historia cortada en cierta parte. Desconozco cómo se manejan las sagas literarias, pero creo que un libro debería ser algo completo, cosa que no considero que suceda en esta ocasión. La historia se corta sin una estructura. No hay un problema resuelto y terminamos con todo justo donde comenzó: Sir Samuel y Ambrose llevando el Sacro Ópalo a otro lugar. Esta sensación de historia no completa me ocurrió antes con Esclavo del Deseo de Gavi Figueroa, ese primer libro de la saga termina dando pie a muchas cosas y dejando varias sin cerrar, lo que a mí como NO lectora de sagas me causó una sacudida. 

5.      Escenas muy bien construidas y divertidísimas. Las escenas de acción están muy bien descritas y con los detalles suficientes para imaginar de forma completa. También cuando se habla sobre sentimientos y emociones están hermosamente estructurados y queda bien esculpido el diálogo interno. Rescato una parte: «… Porque si alguna vez volvían a cruzarse su destino y el de bello ladrón, no sería en términos de amor y regocijo. Y por esto, en la intimidad de su alcoba, Ambrose se supo el ser más solitario del reino»; en especial esa última oración me parece riquísima en musicalidad. Hay algunas otras escenas maravillosamente escritas, por ejemplo las escenas de sexo que están muy balanceadas; no se extienden de forma innecesaria y llegan en un momento adecuado, seguidas de un preámbulo que decanta en ellas y no como un pretexto para rellenar o dar fanservice.

6.      Los personajes en general están bien. Los protagonistas se llevan excelente, la química entre ellos está perfecta, sus interacciones son muy ricas. Por otro lado, Sir Samuel tiene algunos diálogos un poco forzados, pero es al inicio, cuando todavía no queda muy clara la clase de persona que es. Los elfos, Efrid y los ladrones me agradaron, se sienten genuinos. Los niños, más o menos; están bien, pero de repente se siente como si fueran niños muy “buenitos”. Han crecido en la peor inmundicia y siguen siendo casi angelicales, no parece que haya corrupción en ellos y eso se siente un poco raro. Más allá de si los infantes son inocentes a pesar de su realidad, parece que tienen un papel más como un adorno lindo que de mostrar la verdad de su mundo. Sobre el elfo blanco berserker de la catedral, él me pareció excelente. Es teatral, feroz, excéntrico y conocedor de sí mismo, de su fuerza. Las peleas contra él las disfruté muchísimo, son muy dinámicas. Las mujeres me gustaron, desde las hermanas de Ambrose hasta las prostitutas. La princesa tiene fuerza y determinación, su amor por el protagonista la vuelve distraída y hasta torpe, lo que es un contraste que le da forma; deseo ver más de sus facetas.

7.      Los ambientes están bien descritos, al igual que la ropa y los elementos que dan vida a la escena. No se siente excesivo sino más como un acompañamiento, algo similar a ver una foto panorámica.

8.      Vuelvo con los protagonistas: ¡Me encantan! Son como miel con limón, dulce, ácido y un remedio reconfortante como ninguno. Su dinámica es deliciosa.

 

En general disfruté la novela. Se lee fácilmente y es entretenida, tiene un estilo cinematográfico que le otorga un ritmo que me atrapó. Me avergüenza un poco haber adquirido la novela en un descuento de Amazon, porque vale cada centavo de su precio original. Las siguientes entregas las pagaré por lo que corresponde. Deseo ver el progreso y maduración de esta autora que nos muestra en su primer libro una propuesta muy disfrutable para los seguidores del BL.

martes, 17 de diciembre de 2024

Libros leídos durante 2024

Durante este año, me propuse leer un poco más que en años anteriores. Decidí que quería leer por lo menos un libro al mes y lo conseguí, cosa que me hace muy feliz. Dejaré a continuación una lista con los títulos que me acompañaron, todos fueron importantes a su manera, aunque hubo algunos que me gustaron más que otros. En la lista también hay libros que releí, lo que me ayudó a verlos de una forma diferente y otros que decidí leer por recomendación, cosa que me resultó muy favorable.


1.      Adiós a Dylan

Libro del autor mexicano Alejandro Carrillo y premio Mauricio Achar en el año 2016. Nos habla de un chico simple que está obsesionado con Bob Dylan y cómo es mejor no conocer a tus héroes. La idealización y la desilusión son dos cosas muy presentes en esta novela.

 

2.      La Muerte tiene permiso

Libro de cuentos del mexicano Edmundo Valadés. El cuento que da nombre al libro es mi favorito, lo leí hace varios años y lo comparto cada vez que tengo oportunidad.

 

3.      Misántropo

Libro de cuentos del autor mexicano Hugo Moya Ibarra. Me gustó especialmente un cuento sobre un tipo que es gordo.

 

4.      Matadero Cinco

Novela del escritor Estadounidense Kurt Vonnegut que tiene un componente de ciencia ficción y otro de realidad. Nos lleva de la Segunda Guerra Mundial al espacio exterior. Una irónica reflexión sobre la guerra y la unión con otros.

 

5.      1929 formas de quedarme a tu lado

Novela de la mexicana Gavi Figueroa donde vemos el romance entre un chico solitario y un hombre que vivió cien años atrás. Me gusta mucho y me hizo compañía en el hospital (yo no me hice daño, pero mi hermano se rompió una pierna y fui a cuidarlo junto a mi hermana).

 

6.      Manual para mujeres de la limpieza

Cuentos de la sorprendente norteamericana Lucía Berlin donde a través de la autoficción nos muestra una vida alocada y llena de altibajos. La capacidad narrativa de la autora es brutal.

 

7.      Kamikaze Girls

Novela del japonés Novala Takemoto donde vemos la amistad intensa de dos chicas jóvenes que están determinadas por sus particulares estilos de vida y valores.

 

8.      Mexicanas: 13 narradoras contemporáneas

Antología de cuento editada por morelianos. Tiene cuentos muy divertidos, aunque justo ahora no recuerdo ninguno a detalle.

 

9.      Lolita

Una de las novelas más famosas de Vladimir Nabokov. Es mucho más hermosa de lo que imaginé. La traducción es deliciosa y te sumerge por completo en la historia y en la mente de Humbert.

 

10.  El castillo ambulante

Novela de Diana Wynne Jones, tiene un estilo agradable y fácil de seguir. La historia es linda y muy divertida. Es un libro para relajarse con una tacita de chocolate y un panecito.

 

11.  La campana de cristal

Novela corta de Sylvia Plath, norteamericana con una voz estridente. Esta novela me conmovió y dejó desorientada durante un tiempo. Te quiero mucho, Sylvia Plath.

 

12.  El Palacio de los sueños

El albanés Ismail Kadaré hace una magnífica narración en esta obra que nos muestra un imperio otomano aterrador. Nadie es dueño de sí mismo y están sometidos a la hipervigilancia. No se puede estar a salvo ni siquiera en los sueños.

 

13.  La multiplicación de los peces.

Antología de cuentos de José Revueltas, mexicano con una narración intensa y preocupado de temas sociales, especialmente en lo relacionado a las clases no privilegiadas. Las historias de este hombre calan profundo.

 

14.  Autoayuda

Antología de cuentos de Loorie Moore, escritora norteamericana que no conozco demasiado, pero algunos de sus cuentos son tan caóticos que los disfruté bastante.

 

15.  Orgullo y prejuicio

No hay mucho qué decir de esta novela de la autora británica Jane Austen, se ha dicho de todo y para las personas es bastante conocida. Darcy es Darcy.

 

16.  Cumbres Borrascosas

Otra británica, esta vez Emily Brontë con una novela a la que entré totalmente confundida. Creí que encontraría algo como Orgullo y prejuicio, pero estaba equivocada. Es una novela que comencé a apreciar a la distancia y no tanto cuando la terminé de leer. Todos los personajes me gustaron.

 

17.  El retrato de Dorian Gray (sin censura)

Oscar Wilde siempre es un acierto. Había escuchado malas críticas de esta edición, pero me gustó mucho la versión sin censura. Considero que ambas obras funcionan perfectamente y se las puede leer como dos separadas.

 

18.  Mendel el de los libros

Relato de Stefan Zweig, escritor austriaco que me conmovió hasta las lágrimas. Es algo que se debe leer, eso es todo.

 

19.  El donador de almas

Novela cortita de Amado Nervo. No me gustó especialmente. La base de la historia está bien, pero el desarrollo y el final no me encantaron.

 

20.  Alicia en el país de las maravillas

Lewis Carroll es muy aclamado por esta obra. Considero que tiene pasajes divertidísimos, pero otros como la academia de peces que me parecen menos sobresalientes. Está bien, pero no creo leerla otra vez.

 

21.  La Vegetariana

Han Kang, surcoreana que me movió muchas cosas con esta novela que cuestiona la identidad, el papel de las personas en la sociedad, la salud mental y el significado de unión, de familia y de amor. Disfruté mucho con esta lectura y con cada uno de sus apartados.

 

22.  Pura Pasión

La francesa Annie Ernaux nos habla desde una culta mujer que se vuelve loca por un hombre que encuentra en ella una distracción conveniente. El amor aquí se nos muestra de una forma intensa y obsesiva, pero también nos muestra que es posible salir de ahí y estar lista para re abrazar la felicidad, la independencia y la identidad.

 

23.  Ana de Tejas Verdes

Obra canadiense escrita por Lucy Moud Montgomery, nos habla de la inquieta y parlanchina Anne Shirley, una huérfana que es adoptada por dos hermanos. La obra nos muestra los paisajes rurales de la Canadá de principios del siglo pasado y sus situaciones sociales. Anne es un personaje muy divertido y los secundarios también son hermosos.


Espero escribir en otra entrada algunos comentarios con respecto a mis mejores lecturas de este año. Aunque hay títulos grandiosos, lo cierto es que no todos se pueden llevar la presea del favorito. 

¡Gracias por leer!

lunes, 11 de noviembre de 2024

En el Acantilado (Sartorius X Syrus)

 En el acantilado



La primera vez que Syrus vio a Sartorius salir del mar y caminar sobre la playa, le pareció algo extraño, eran las dos de la mañana y estaba en el acantilado; no lograba conservar el sueño, así que fue a dar un paseo que lo condujo a ese lugar. Por un lado, veía las olas romper contra el despeñadero; por el otro lado, en la playa, una toalla y algo de ropa esperaban a su dueño junto a una de las farolas que iluminaban apenas lo necesario para ver si alguien ronda por ahí.

 Las noches siguientes Syrus tuvo problemas para conciliar el sueño. Se volvió una especie de costumbre ir al acantilado sin falta para ver a ese hombre, aunque solían coincidir solo dos o tres veces por semana, no siempre los mismos días. El encuentro dependía de la voluntad del mayor, Syrus lo aceptaba aun sin entender lo que lo obligaba a acudir cada noche desde hacía seis semanas. 

 Ahí estaba una vez más, desde el acantilado mirando el sitio donde las cosas de Sartorius lo esperaban. La mirada de Syrus se mantenía fija y en ocasiones intentaba verlo en la masa marina y salvaje, pero en la penumbra nada se distinguía, ni siquiera en los días de luna llena. Syrus sentía el corazón inquieto, siempre que esperaba se sentía nervioso. Pocas veces se habían cruzado sus miradas, el mayor en ocasiones lo miraba, pero no mucho tiempo, parecía ignorarlo y seguir adelante. 

 Con el rumor de las olas, vio al hombre salir del mar; a Syrus se le pausó la respiración un instante, como si quisiera mantenerse imperceptible, minúsculo y secreto. Lo observó secar su cuerpo y luego vestirse. A pesar de la distancia, distinguía los movimientos de sus manos, el equilibrio de su cuerpo y el compás de su respiración que le causaba un ligero trance. 

—Con que es aquí a donde vienes. Me tenías preocupado, amigo—. La voz de Jaden cortó el ambiente con toda la indiscreción de la que era capaz. Syrus tembló y sacó la mirada de su objetivo, buscando los ojos de su amigo y pidiendo que guardara silencio. —¿Qué pasa Sy? ¿Qué es lo que estás viendo? — El castaño asomó al acantilado. Desde abajo, en la farola, Sartorius los observaba fijamente, con el interés que no había mostrado en todas las otras semanas. Syrus no supo qué decirle a su amigo quien sostuvo la mirada de aquel hombre hasta que se marchó. —¿Ese era Sartorius? ¿Qué hacía ahí? — El castaño no podía imaginar lo que había detrás de todo eso. 

 —No lo sé— dijo al fin el de cabello azul. —Hace algunas semanas lo descubrí y quería asegurarme de que no fuera nada sospechoso… No creí que debiera avisarte hasta saber lo que ocurre. 

Aquella respuesta le pareció razonable al rojo que se llevó a su compañero de vuelta al dormitorio sin hablar más sobre el tema. 

 Las siguientes tres noches no se presentó Sartorius a la “cita”. La cuarta noche, Syrus se fue a dormir con la convicción de no volver al acantilado. Durmió con toda tranquilidad hasta las dos de la mañana. Aunque quiso convencerse de no ir, terminó ahí, esperando, con el corazón ansioso y la incertidumbre de si algo sería diferente. Al principio, todo fue igual, los movimientos indiferentes de aquel hombre le hablaron con la naturalidad de la rutina; sin embargo, al salir del mar, Sartorius miró al acantilado, veía a Syrus sin hacer alguna expresión, pero dejándole claro que lo observaba. Syrus se quedó tan aturdido al notar esa mirada que no escuchó los pasos de los que se acercaron. Tres estudiantes del dormitorio blanco le cubrieron la boca, los ojos y se lo llevaron hasta su guarida. 

 Cuando pudo ver otra vez, estaba en un sitio impoluto que daba la sensación de una habitación de catálogo, como si nadie hubiera habitado ese lugar. Syrus siempre se preguntó cómo sería el dormitorio de los azules, tan lleno de lujos y buen gusto. La imagen que tenía en su cabeza no resultó demasiado diferente con respecto al dormitorio blanco. A pesar de eso, tenía que irse de ahí; al principio intentó por las ventanas y por el baño, pero estaba imposibilitado el escape por ambos. La puerta de la habitación no fue muy diferente, también estaba cerrada. No entendía los motivos tras su captura, no era más que alguien que estuvo husmeando un poco sin descubrir nada relevante. No había presenciado algo ilegal, un plan malévolo o cualquier cosa que ameritara estar en su situación. Tras comprobar que no tenía medios de escape, terminó tirándose en la cama. Eran casi las cuatro de la mañana y lo empezaba a vencer el sueño, por lo que apenas se apoyó en la almohada, se quedó dormido. 

A las siete en punto entraron a dejarle el desayuno, el chico estaba tan cansado que no se percató de en qué momento sucedió aquello. No despertó sino hasta cerca de las diez. No le encantaba la idea de ser un prisionero, pero tampoco lo molestaba demasiado luego de dormir en una cama de buena calidad.

 Volvió a explorar la habitación, confirmando que no había una forma de escapar desde ahí, lo que significaba que tendría que esperar a que alguien llegara a darle una explicación. Miró la bandeja con el desayuno, estaba frío, pero se miraba bien. Mientras tomaba un plato con arroz, escuchó el rumor de las voces afuera antes de que la puerta se abriera. Miró a Sartorius entrar, poseía toda la serenidad que lo caracterizaba, como si supiera exactamente a dónde lo dirigía cada una de sus acciones.

 —Buenos días, joven Truesdale— la voz limpia de quien ahora mandaba sobre aquel dormitorio hizo reaccionar de inmediato a Syrus. Al principio no dijo nada, lo contempló como quien observa el abismo, la misma mirada que le daba en el acantilado. El mayor se acercó a la cama, miró la bandeja y sin pensarlo tomó una de las fresas que había en un pequeño plato con fruta. —Son excelentes, deberías probarlas— se comió la fruta y sonrió, satisfecho con el sabor. Fue a la ventana a abrir las cortinas. La luz era ya bastante cálida, estaba próximo el mediodía y ese hombre contempló la vista durante un rato.

 Syrus siguió sumido en un mutismo involuntario. La presencia de Sartorius lo abrumaba. Tal vez era eso lo que causaba en los otros estudiantes a quienes les lavó el cerebro. Eran solo un montón de polillas deslumbradas por una lámpara. El chico siguió comiendo el desayuno hasta terminarlo, luego salió de la cama y se puso los zapatos. —¿Por qué estoy aquí? No soy de ayuda para lo que sea que tengas planeado— dijo al fin Syrus, aun sin entender el por qué de su secuestro . —No hay motivos para que me tengas prisionero. 

 La palabra final llamó la atención del mayor que volteó a ver al menor y soltó una risa divertida pero discreta. —Ven, camina conmigo— invitó al menor abriendo la puerta de la habitación y dejando a Syrus salir primero. A cada lado de la puerta había sendos estudiantes a los que Sartorius rechazó con un leve ademán para que no los siguieran. El de cabello azul, dudando un poco todavía, caminó junto al mayor por los pasillos del dormitorio. Era más grande y laberíntico de lo que parecía por fuera. Todo era blanco y resplandeciente casi al punto de dañar la vista. Los pasos del líder resonaban contra el piso rítmicamente, no había variación en su tempo ni tampoco se escuchaba más ruido que el eco de ese andar. 

 —¿Vas a decirme por qué me secuestraste?— volvió a interrogar el menor luego de un rato, más resuelto que antes a pesar de lo confundido que se sentía.

 —Tranquilo, joven Truesdale. No eres un prisionero. Prefiero verte como un invitado muy especial. Deberías verlo de la misma forma— aquella voz casi sonaba irónica, como si se burlara.

 —¿Significa que puedo marcharme?

 —No. 

 Se detuvieron, finalmente, frente a una puerta. Habían recorrido varios pasillos y doblado en tantas esquinas que el de cabello azul no habría podido hacer el recorrido de vuelta sin perderse. El mayor abrió la puerta, era una oficina amplia pero acogedora y tan coherente con el resto del edificio que el resplandor era doloroso. El sol entraba ahí con libertad y el color blanco de las paredes lo dispersaba hacia cada rincón. Syrus entró casi por inercia. Hasta ese lugar alejado no llegaba más ruido ajeno al que ellos producían. De abrir las ventanas, los rumores de los pájaros y las olas del mar también habrían entrado. 

—¿Es porque te estuve observando? Si es por eso yo no…— no pudo continuar con esa frase pues no tenía idea de qué es lo que quería expresar. ¿No quería espiarte? ¿No pude evitarlo? ¿No quería molestar? ¿Estaba curioso sobre ti? Se sonrojó al meditar un instante sobre lo que significaba asistir cada noche para intentar verlo en la playa. Claro que era extraño y sospechoso, cualquiera habría tomado cartas en el asunto. 

 —Jaden Yuki— ese nombre sacó al peliazul de sus pensamientos y se sintió algo decaído por un momento. —Digamos que me interesa él. Ya que no aceptará venir por su cuenta, creí que un buen incentivo sería tenerte aquí como invitado. 

En Syrus se revolvieron varios sentimientos: por un lado lo preocupaba que su amigo pudiera ponerse a merced de esos lunáticos; por el otro, estaba un poco decepcionado de no ser realmente un foco de interés. 

 —Él no caerá en una trampa como esta. Y aunque lo hiciera, ¡es más fuerte que todo el dormitorio junto!— Syrus alzó un poco la voz y como respuesta obtuvo una risa con un resabio cruel.

 —Hablas como si no conocieras las debilidades de tu amigo, joven Truesdale. 

Syrus volvió a guardar silencio. Tenía que encontrar una forma de salir de ahí. Miró con discreción hacia la puerta, sabía que si intentaba salir de ahí, terminaría perdido en los pasillos y lo capturarían fácilmente. Se acercó a la ventana, era demasiado alto para intentar saltar desde ahí. El árbol más cercano estaba a casi diez metros, así que tampoco había oportunidad de sobrevivir si elegía la ventana como punto de fuga. Debía aceptar que estaba atrapado y sin opciones. 

 Sartoruis fue a sentarse tras su escritorio. —¿Sabes? Te veías un poco decepcionado cuando te expliqué los motivos por los que estás aquí. ¿A caso esperabas una explicación diferente? 

Syrus se sonrojó y siguió mirando por la ventana. —No… Es solo que… — tartamudeó intentando pensar en una explicación que lo sacara de ese momento incómodo.

 —Esperabas que mi interés por ti fuera genuino luego de que has ido a espiarme de madrugada durante semanas. ¿Es eso lo que quieres decir?

 El sonrojo se volvió palidez. Claro, aquello no era un secreto, habían hecho contacto visual más de una vez a pesar de que casi siempre era ignorado.

 —N-no… Eso no es… 

El mayor miró a Syrus y le pareció divertido. A pesar de esos momentos donde fingía determinación y también de ser tan entrometido, le resultaba un poco lindo, como uno de esos mamíferos pequeños a los que un puntapié puede causarles la muerte. —Joven Truesdale, hay pocas formas de conseguir mi genuino interés y no tienes acceso a ninguna de ellas. No te sientas mal, puedo asegurarte que justo ahora te aprecio considerablemente; después de todo, gracias a ti es que conseguiré a Jaden Yuki. 

El golpe en el orgullo del peliazul fue duro, se sentía aturdido y también molesto, pero no estaba seguro de la razón detrás del enojo. ¿Era por ser utilizado para llegar a Jaden o por no ser un motivo de genuino interés? Fue hacia un sofá y se sentó, estaba lejos del escritorio donde Sartorius revisaba algunos documentos. No se agregó nada a la conversación y Syrus no pudo hacer que su enojo se disolviera. Lo irritaba ser la debilidad. Creía que se estaba haciendo fuerte, pero no era así, seguía siendo el mismo debilucho cobarde de toda la vida. No estaría nunca a la altura de Jaden o de Zane, no tenía la habilidad ni mucho menos la determinación para convertirse en un duelista relevante.

 El sonido de los pasos dirigiéndose a él lo sacaron del ensimismamiento, pero el contacto con la realidad duró muy poco. Sintió a su rostro ser levantado y luego la presión sobre los labios. Todos los pensamientos desaparecieron en ese momento, en el contacto que duró apenas lo suficiente para entender lo que ocurría. Cuando Sartoruis cortó el beso, le dio a Syrus una mirada contemplativa. —Eres muy seductor cuando te consume la rabia. 

El de cabello azul no pudo responder, el aturdimiento de la repentina cercanía lo paralizó. Sintió que algo desbordaba dentro de él, así que cuando el mayor se alejó un poco más, convencido de volver a su sitio en el escritorio, Syrus lo jaló hacia sí para reconectar el beso. No sabía cómo hacerlo, pero intentó lo mejor que pudo. Movió los labios, acrecentando el contacto.

 El beso se alargó durante algunos momentos, Sartorius lo hizo más apasionado e intenso a pesar de que Syrus no podía seguirle el ritmo. Rápidamente, aquello se volvió algo más. Sobre el sofá, el de cabello azul recibía las caricias que Sartoruis daba a su cuerpo. El beso se cortaba en ocasiones, se miraban un momento y luego volvían a besarse. El menor no tenía idea de qué hacer, estaba confundido pero no quería oponerse, lo deseaba. No sabía en qué momento se empezó a sentir así, pero el rumbo que tomaba aquello era exactamente lo que había buscado sin ser consciente. Sartorius parecía satisfecho también con el rumbo de las cosas, para él no era más que un rato con un chico encantador que se marcharía cuando Jaden finalmente se convirtiera en un siervo más de la Sociedad de la Luz. 

La boca de Sartorius bajó pronto de los labios al cuello donde se detuvo un momento. La ropa del peliazul fue quedando a un lado; no dio resistencia, se dejaba llevar y lo disfrutaba. La sensación de esas manos, de los labios sobre la piel lo arrastraban a un entorno desconocido y seductor. Quería más. Al principio fue un sentimiento extraño el de los labios marcando su cuello, era raro, pero agradable. Junto a esto, vino también la succión en su pecho, en los pezones, más estimulante de lo que cualquiera supondría. Los jadeos comenzaron a hacerse notorios en este punto. Syrus, confundido todavía, no estaba seguro de si podría soportar todo lo que parecía avecinarse. Se mordía los labios y apretaba la ropa de su amante, aferrándose a él como si se tratase de un lugar seguro.

 —Comienzas a ser bastante bonito. Tal vez decida conservarte— advirtió el mayor bajando por el abdomen, dejando un rastro de saliva y arrancando con ello otro par de jadeos que Syrus intentaba controlar mordiéndose los labios. Tenía los ojos cerrados, si veía a Sartorius podría morir de la vergüenza. El mayor sentía cierta comodidad con el otro, era fácil controlarlo y estaban disfrutando los dos de la intimidad, por lo que no dudó en continuar sacando la ropa hasta dejarlo desnudo. Se alejó un poco para darle un vistazo completo, ese era el cuerpo ingenuo y ansioso de la inexperiencia. 

Se puso de rodillas frente al sofá, entre las piernas del menor y dejó una marca en la cara interior del muslo de Syrus, íntima y dolorosa, que le recordara durante varios días ese encuentro. A la marca la acompañaron varios besos y lamidas en ambos muslos que eran una tortura para el miembro que ya temblaba erecto, deseoso de atención. Una de las manos de Syrus fue a hacerse cargo por sí misma, apenas comenzó a tocarse, sintió una sacudida, se sentía increíble sentir la boca y el aliento de alguien más tan cerca junto a las caricias que él podía darse. 

 El natural avance de los sucesos llevó al mayor a una felación. Al mismo tiempo que jugaba con el miembro de su amante, lo acariciaba con una de sus manos, bombeando arriba y abajo. Las caderas de Syrus se movían por su cuenta y los gemidos y jadeos llenaban con más ímpetu la oficina. Nadie estaba cerca y no era necesario contenerse. Syrus se sentía libre y se sentía deseado. La manera en que el mayor lo tocaba lo hacía sentir como nunca y por su cabeza pasó la posibilidad que quedarse con él, volverse uno más de ellos, un amante, una mascota, cualquier cosa que le permitiera sentirse de esa forma otra vez. 

 Tras un rato, Sartorius comenzó a dilatar el ano de su amante. Primero un dedo y luego dos que jugueteaban buscando la próstata, el punto adecuado para la estimulación. No le tomó demasiado tiempo y tampoco a Syrus el aceptar tres dedos en su interior, entrando y saliendo, arrancándole gemidos y ruegos ansiosos por continuar. Nunca había pensado en estar con un hombre, mucho menos en que al hacerlo se sentiría tan deseoso de ser penetrado, pero ahora que había terminado así, podía admitir que lo deseaba.

 —Sartorius… Más… Más…— gimoteaba mientras sus caderas se movían buscando aumentar el roce, la fuerza, la violencia. 

 El mayor parecía satisfecho con la forma en que ese chico se movía, el lindo rostro que ponía al estar perdido en el placer y la forma en que rogaba. Una sonrisa se dibujó en su rostro, pero no dijo nada. Se detuvo tras uno momentos solo para sacar los dedos de dentro y liberar su propia hombría, palpitante, ansiosa por poseer aquel cuerpo. Entró con lentos vaivenes que pasaron rápido a ser movimientos más largos y acompasados donde los sonidos que ambos hacían se mezclaban y corrían más allá de las paredes y las ventanas. 

 Junto al onomatopéyico sexo, el sonido del piso cerámico también se hizo espacio desde fuera de la habitación. Alguien corría por el pasillo y se aproximaba. —Parece que tenemos compañía, joven Truesdale— dijo el mayor sin dejar de moverse. Un gruñido se le escapó al sentir que el otro le apretaba con más fuerza, asustado por las palabras que acababa de escuchar. —Y tú que creías que no vendría… ¿Qué harás cuando te encuentre así? Eres una perra muy sucia y traicionera. Me entregas el culo y me ruegas a pesar de que conoces mis planes…

 Syrus sintió vergüenza, pero el hecho de ser descubierto lo hacía sentir aun más excitado. Quería ser visto, que también Jaden descubriera en él lo erótico del sexo. Siguió moviendo la cadera, buscando los labios del mayor para ahogarse en un beso intenso mientras golpeaban la puerta intentando echarla abajo. Su mente estaba perdida, entregada por completo a Sartoruis. 

 Los golpes en el trasero y los golpes en la puerta solo hacían gemir más alto a Syrus, mientras al otro lado escuchaba a su amigo. 

—¡Syrus! ¡Syrus, ¿qué te sucede?!— la voz de Jaden lo llamaba, pero él solo deseaba ser descubierto y que Sartorius le llenara con su semen.

 —¡Más, Sartoruis! ¡Voy a…!

 La puerta cayó finalmente y el fuerte estruendo también trajo de vuelta a la realidad al peliazul que al abrir los ojos se encontraba aun en el dormitorio rojo. Había caído de la cama y Jaden lo observaba de pie a un lado. 

—¿Tuviste una pesadilla? Estabas muy agitado y no podía despertarte— Jaden se acercó a ayudarlo a levantarse, parecía que el peliazul seguía sin comprender del todo lo que pasaba. —Tal vez fue la cena, comiste demasiados condimentos. 

Syrus se desprendió del último lazo con el mundo onírico antes de abrir la boca. —Tuve un sueño extraño— fue todo lo que dijo antes de ver la hora en el reloj. Era de madrugada todavía. Jaden no hizo muchas más preguntas, volvió a la cama luego de un rato y durmió sin contratiempos el resto de la noche. Syrus no pudo dormir. Quería ir al acantilado, comprobar por sí mismo lo que había ocurrido, sin embargo, no tuvo el valor para hacerlo esa noche, ni la siguiente o la que vino después. Dejó pasar una semana hasta que se atrevió a volver. Jaden dormía, como de costumbre, con toda la profundidad que lo caracterizaba. El silencio se coronaba con las olas, los insectos y aves nocturnas. En la farola de siempre no estaban la toalla y la ropa esperando a su dueño. Tendría que volver al día siguiente.

 —Comenzaba a preguntarme qué había ocurrido contigo, joven Truesdale— una voz conocida se escuchó detrás. Syrus volteó de inmediato, encontrándose con su objetivo, más impresionante a seis metros que a cincuenta. 

—Yo… Yo no… 

 El mayor le dio una de esas sonrisas tan propias y se marchó sin decir otra cosa; caminó hacia la playa. Syrus vio a Sartorius sobre la arena sacarse la ropa. Sartorius vio a Syrus desde el abismo, sostuvieron la mirada unos segundos y finalmente el hombre entró en el mar. Luego de esa noche, Syrus no tuvo más sueños extraños y tampoco volvió al acantilado.

sábado, 20 de junio de 2020

Bastion y Chazz


Este es un fanfiction que escribí en febrero para un grupo de Yu-gi-oh! en que estoy en Facebook. La pareja son Chazz y Bastion, (Jun y Daichi respectivamente, para los que no la vieron en latino). Espero que disfruten de la historia.


La rutina cada día es la misma: Bastion sale temprano por la mañana y regresa muy tarde por la noche, duerme, y otra vez al trabajo. Cuando tengo suerte me abraza en la cama, a veces también me besa. Ya no le pido sexo porque no parece gustarle y creo que yo tampoco lo disfruto. Bastion presta mucha atención a sus investigaciones y por eso nunca está en casa. Yo siempre estoy aquí, esperando a que él regrese. En su día libre se amotina en su estudio y sigue con el trabajo. Me reconforta saber que al menos ese día comemos en la misma casa. Cuando toco la puerta y él se tarda casi dos minutos en abrir, yo imagino que es para ordenar un poco antes de dejarme pasar (nunca me deja pasar, siempre toma el plato, me da una sonrisa y regresa a sus cosas). Es una vida silenciosa.
A veces mis hermanos llaman y entonces me alegro un poco, reafirman de mi decisión respecto a Bastion. Ellos no están satisfecho y reclaman con frecuencia: “¿Por qué nos sigues humillando?” “Un Princeton no puede tener relaciones tan poco convenientes”. Soy consciente de su molestia porque nada de lo que hago los satisface, así que no me importan sus comentarios. Bastion no sabe que mi familia lo desaprueba, siempre que insiste en ir a conocer a mis padres yo le sonrío y le aseguro que iremos cuando él tenga tiempo libre: “El día que tú quieras, Bastion, seguro que ellos te amarán”. Y ya hace un año que se lo repito.
El problema no es él, es su falta de memoria… o tal vez de tacto. La primera fecha que olvidó fue mi cumpleaños, y no fue gran problema porque tampoco es una fecha tan importante. No lo recordó, ni dijo nada al respecto, aun cuando vio el pastel en el refrigerador. Estoy seguro de que lo atribuyó a un antojo o a una de mis “extravagancias”, como él suele llamar a toda decisión que tomo o cosa que le pido. Todavía hoy no recuerda que mi cumpleaños fue hace meses. Tampoco recuerda cuando me prometió que celebraríamos navidad. Antes de mudarnos se lo pedí: “En navidad brindaremos juntos, ¿verdad?” “Claro, cada navidad a partir de ahora”. Pero ni siquiera regresó a casa esa noche, tampoco la siguiente. Volvió días después, el 31, a tomar un baño, ropa limpia y luego regresó a hacer ciencia. Ese día ni siquiera me miró, era como si no pudiera ver nada. No cruzamos palabras. Si no le reclamé fue porque su trabajo es importante para él, porque es lo que lo mantiene vivo y lo ayuda a que paguemos este departamento, donde me visita unas horas al día.
Se lo pedí hace una semana porque creí, ingenuo yo, que él recordaría si lo mencionaba cercana la fecha: “¿San Valentín? ¿No es eso cosa de adolescentes? Da igual, si es importante para ti podemos ir a cenar. ¿Eso te gustaría?”, y por la gran sonrisa que me dio, estaba seguro de que no iba a suceder.  Sin embargo, me alisté temprano y esperé viendo la T.V.; revisé en el móvil las publicaciones de quienes ya estaban con su pareja celebrando. Antes de ver el reloj, siempre cada diez minutos, voy a la ventana y veo la calle, confiando ciegamente en que Bastion bajará de un taxi con un lindo regalo, y yo deberé guardar compostura hasta que él llegue al departamento.
“Creo que tu novio olvidó su cita, jefe”. A veces los ojamas aparecen y me aturden, dicen cosas que no quiero escuchar. “Tal vez está saliendo con alguien más”. “¡Claro que no! Nadie puede ser mejor pareja que el jefe”. Y entre ellos pelean mientras intento serenarme. A las diez me resigno: él otra vez lo olvidó porque tiene cosas más importantes, cosas que lo mantienen vivo.
 Voy y tomo un baño o no podré dormir por el fijador en el cabello. Al vestirme escucho ruido afuera, parece que Bastion ya regresó. En el sillón de la sala está su abrigo y en la mesita de centro una caja de chocolates. No son caros y no tienen una presentación hermosa, pero ¡son para mí!, ¡un regalo! Abrazo el paquete.
En cuanto aparece Bastion me tiro sobre él para besarlo una y otra vez. No escucho sus intentos por alejarme y lo llevo a la habitación. Hace mucho necesito sentirlo cerca. No apago las luces, quiero verlo y que me vea. Me saco el pijama rápidamente y él me mira sobrecogido. Cuando sus manos finalmente tocan mi cuerpo me relajo. No detengo sus besos ni sus caricias que van de mi cuello a mis muslos. Mi novio, mi soporte, está aquí conmigo. ¿Qué importa el pasado?
“Gracias por recordarlo. Te necesitaba tanto, Bastion”. Lo abrazo y escondo mi rostro en su cuello. Él no me responde, se limita a acariciar mi espalda. “El chocolate… Te lo agradezco”. Otra vez silencio. Lo siento temblar y me separa un poco antes de darme un beso: “Me lo dio una compañera. No te pongas celoso, se lo dio a todos ahí. No estoy interesado en nadie más que en ti, lo juro”.
Y mientras escucho sus palabras una náusea me viene de repente. Me alejo aturdido, aunque intenta detenerme. No digo nada y él tampoco lo hace. Tomo el pijama antes de salir: “Dormiré en la otra habitación. Mañana tengo programada una conferencia en la Academia de Duelos y debo llegar temprano. Te dejo el desayuno en la cocina... Descansa, Bastion”. No viene tras de mí, y por el silencio asumo que se encerró en su estudio a continuar con sus cosas… Así es él  
Tras intentar dormir un poco, sin éxito, regreso a nuestra habitación. Parece que él duerme ya, y yo me meto entre las sábanas para dormir a su lado: Mi hombre, mi Bastion, al que siempre espero.
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Cuando Chazz entró en la habitación, Bastion ni siquiera se movió: “Te amo, imbécil”. La peculiar expresión de Chazz cala en la tranquilidad del otro. Bastion aguarda unos segundos, duda sobre lo que es correcto, pero finalmente toma por la espalda a Chazz; lo abraza como reteniéndolo, ninguno se atreve a hablar. “Todo estará bien, solo debo prestar más atención a los detalles”, piensa Bastion, No sabe que en la mañana la rutina se repetirá indefinidamente.

V. Vuelta


Todo es penumbra hasta que descorre las cortinas: comienzan las actividades, aparece la melancolía. No se pregunta razones, es una sensación de la que no logra desprenderse. Al salir del departamento son las nueve, va tarde otra vez. Se disculpa al llegar a la cafetería y nadie lo riñe porque "ya es costumbre". Ama su trabajo, se apega a la rutina. Ya no siente interés en la luz artificial, son un recuerdo adolescente: Su yo del pasado está en una foto en el departamento; cada tanto la toma y ve lo que no quiere ser más. Medio atormentado, medio determinado, piensa en el presente y en las satisfacciones con las que se encuentra y cree merecer.
Dos o tres veces a la semana visita la cafetería un estudiante. Siempre quiere lo mismo, por lo que ya nadie le pide la orden: "¿Cargadito?" es lo único que le preguntan. El mesero se acerca con un café negro y se retira con una sonrisa.
 Algo cambia hoy. El estudiante detiene por la muñeca al mesero. Por unos momentos se mantienen en silencio y a la expectativa.
― ¿A qué hora sales? ―el estudiante tartamudea. Se sorprende de sí mismo.
―Termino en cuarenta. ―El mesero mira el reloj en la pared de la barra para confirmar su afirmación. No miente.
―Trae otro café. Te espero.
El mesero no se niega, pero tampoco se emociona, continúa su turno hasta el final.
Al salir no hablan, pero caminan juntos hasta una plaza, confían en el otro sin razón aparente.
― ¿Qué te acongoja? ―Habla el estudiante.
El silencio se torna incómodo, empaña el momento.
―Es mi primer año aquí ―nuevamente intenta y otra vez sólo obtiene silencio.
Ninguno sabe qué decir.
El mesero saca un cigarro, no ofrece.
―Soy Roberto. ―El estudiante mira al mesero que no se toma la molestia de voltear, de haberlo hecho habría notado la mano estirada en busca de ser estrechada.
―Conozco tu nombre. 
El mesero recuerda la melancolía de la maña y la asume como un presagio de mala fortuna, luego se siente ridículo por creer en la fortuna.
― Entonces... ¿por qué estás triste? ―Roberto insiste.
El mesero, que ya terminó de fumar, mira al otro y suspira, se acomoda en la banca, medita lo que debería decir. No encuentra las palabras, todo se le complica, una sílaba se apelmaza con la anterior y las siguientes. Nada sale. Aguanta la respiración un segundo, exhala y vuelve a tomar aire. No quiere recordar, pero algo lo empuja a hablar finalmente.
―Se llama Jacinto…
Narra cada pasaje que recuerda. Su voz no tiene emociones, no hay sobresaltos en el monólogo que parece saber de memoria. Durante una hora el mesero habla sin pausa ni prisa. Al terminar guarda silencio. No espera una respuesta, se siente inquieto. Quiere llorar, su tendencia al melodrama está latente.
― ¿Quieres que nos veamos mañana? ―Roberto habla al levantarse.
―Irás a la cafetería.
Ambos se marchan.
Al llegar a casa, el mesero tira su retrato de junto a la ventana. En la mañana el sol lo despierta con un golpe ardiente en el rostro, otra vez no sonó la alarma. Sabe que llegará tarde y que la rutina se repite.

IV. Claudio


Mi memoria es buena, no necesito más que ver una cara unos segundos para trabajar con ella. Hago bocetos: dos, tres, muchos… Depende de cuán embelesado estoy. Inmortalizo lo que es inmortalizable ¿ajá?  Y expongo mis obras cuando es prudente. Me enamoro rápido. Mi sentido de la belleza me vuelve impresionable por culpa de un hombre casi ordinario. Me saludaba desde su balcón. En el estudio están sus retratos, se llama Claudio y es músico. Parece que su carrera crece, aunque cuando lo conocí era un sencillo pianista sin nombre. Ahora asisto a todas las funciones que puedo pagar.
El teatro esta noche es encantador, grande, pero se llena rápido. Me gustan las cortinas del telón y las piernas; los rostros de las personas se desdibujan, no me interesan, mi atención va directamente a los altos techos y a las paredes. Quiero acercarme al foso de la orquesta, mirar desde ahí a Claudio y durante casi dos horas escuchar a mi amor. Me pregunto si  en el escenario se distinguen rostros en la oscuridad. Desearía que él me viera.
Al finalizar la función, Claudio va con su amante, esa bestia rosa en la que fija la mirada. Los veo a lo lejos subir a un auto y observo hasta que ya no hay rastro de su presencia, y la multitud desaparece.
En casa conservo la calma, ceno y hago unos bocetos hasta que ya no puedo: me tiro en la cama, escondo el rostro en la almohada y grito, grito una y otra vez. Pataleo como un niño y lanzo todo lejos de mí. . Destrozo mis dibujos, tiro contra la pared mis materiales, tiro la ropa del armario por toda la habitación y me muerdo los labios pensando en lo que la pareja está haciendo a esa hora, cualquiera acitividad posible me hace odiarlos cada vez más. Odio a ese maldito amante: Su única virtud es la cara bonita. Los quiero separados o muertos. Mejor muertos, así todos olvidarán a Claudio, todos menos yo y así será mío siempre. Muertos, solamente pueden estar muertos para que yo sea feliz.  Claudio y Bastián, Claudio y Bastián, Claudio y Bastián, sólo así es posible...
Por la mañana me siento mejor. Salgo de la cama y me doy un baño antes de ir a desayunar. No sé en qué momento me quedé dormido ni cuánto tiempo hice rabietas, pero no importa, Claudio tiene otra presentación esta noche y yo un boleto pegado en el refri.

III. Loth y Marcel


Conocí a Marcel cuando éramos niños. No lo quería cerca porque él significa problemas, desde el principio fue así. Su voz aguda y nasal era desesperante, pero así como no me di cuenta del momento en que comenzamos a ser amigos, no me di cuenta de cuándo su voz comenzó a ponerme nervioso. Marcel se convirtió en un pensamiento frecuente, y aunque intenté monopolizarlo, mi amigo parecía disfrutar más de las conversaciones con cualquiera que no fuera yo. Me molestan sus ansias de novedad, me impone ese deseo y pretende modelarme a su gusto. Él elige a nuestros compañeros, siempre de la misma forma: los observa unos días y luego me pide que me acerque, no me pregunta si estoy interesado.
Hay una chica en su trabajo, Marcel me pidió que la invitara. Tiene un protocolo, siempre hace las cosas de la misma manera; se saca el condón y dice: "Helena me gusta". Sé qué significa, no necesita decir más.
Temprano en la mañana me paso por la cafetería de camino a la facultad. Sigue cerrado y tengo que volver más tarde. ¡No quiero! Horas después, al medio día, recibo un mensaje: "Te amo". Marcel cree que ya acordé la cita. Apago el móvil. Regreso a la cafetería, tomo aire, sonrío y entro. Unos minutos después salgo de ahí con un café americano y una confirmación. Iremos a un motel, me disgusta llevar mujeres a casa, observan todo y siempre tienen una opinión.
Voy a un jardín a beberme el café. Tengo celos de las parejas que pasean. ¿Por qué Marcel no es así? ¡Payaso ególatra! Dejo el café a un lado y miro las caras de los solitarios, me identifico con ellos: vacíos, ansiosos de calor. Cuando enciendo el móvil, me llega un mensaje: "Llevaré la comida, ven pronto a casa". Miro con desprecio el aparato, me tomo mi tiempo antes de responder: "Te llevo un postre. Te amo". Me voy a prisa, debo buscar una pastelería.
***
Loth va a dejarme. Dirá que ya no me quiere, que lo mejor es separarnos, y aunque es masoquista incluso él tiene un límite. Va a dejarme y no volveré a verlo. Sé que tomará al gato, el resto de sus cosas y saldrá por la puerta una última vez. Me hablará pausadamente, sin molestias, con la serenidad de la resignación. Me mirará a los ojos y sin remordimientos dirá lo que tenga que decir.
Llega, nos sentamos a comer y me cuenta su día. Habla de términos que no entiendo, yo sonrío y asiento como si me interesara. Me aburre, pero lo quiero y por eso debo soportarlo. Me compró un pastel de chocolate, siempre compra algo con chocolate. Quisiera que fuera más innovador, que alguna vez se aventurara a comprar galletas o que no comprara nada. Sí, me gustaría que un día llegara sin un regalo y discutiéramos por la falta de postre, eso sería suficiente para hacer buena nuestra tarde. No necesitamos postres.
Nunca discutimos, siempre me da la razón, siempre acepta lo que digo e incluso se adelanta a lo que pudiera pedirle. Interpreta mis acciones, mis gestos y palabras. No muestra oposición, busca la manera de complacerme aun cuando no quiero. Su gentileza es odiosa porque sé que es auténtica, le nace. Loth es ingenuo, por eso lo odio.
Un día se va a cansar, va a tomar el gato y sus cosas para salir por última vez. No regresará. No sé si la idea me aterra o es indiferente. A veces no sé si temo perderlo o me relaja. Sé que va a dejarme, desde hace mucho le noto las ganas de irse. No debí aceptarlo, ahora podría no tenerlo en mi vida y no esperaría nerviosamente su adiós. Sé que lo hará, que Loth entrará por la puerta y me mirará de una forma diferente, sabré que maté lo que teníamos y me lo dirá, no como reproche, pero me lo dirá: ¡Ya no te quiero!. No podré reaccionar tan a prisa como para suplicarle, para hablar sobre mis errores, nuestros errores. Va a tomar esa maleta gris que está debajo la cama y guardará sus cosas.
Mañana, mañana va a dejarme. Lo miro del otro lado de la cama, duerme con tranquilidad porque sabe que se librará de mí y no tendrá que sonreír a pesar de estar molesto. No volverá a verme a los ojos, no besará a quien no desea, no cumplirá mis caprichos. Tomo su mano bajo las sábanas y beso la palma, lo abrazo y cierro los ojos. Me abraza: ¿Tuviste una pesadilla? Duerme, Marcel, tienes turno a las siete. Me besa la frente, yo me aferro. No quiero que se marche, pero va a hacerlo, mañana a medio día tomará sus cosas y se marchará. Se puso a pensar en la forma correcta de dejarme, por eso estuvo despierto hasta que me quedé dormido, no quiere que sospeche nada.

Sobre Fulgor Oscuro de Andrea de Pablo Rodríguez

  Fulgor Oscuro es una novela BL escrita por la autora española Andrea de Pablo Rodríguez, Licenciada en Filología Hispánica y Maestra en Es...