sábado, 20 de junio de 2020

Bastion y Chazz


Este es un fanfiction que escribí en febrero para un grupo de Yu-gi-oh! en que estoy en Facebook. La pareja son Chazz y Bastion, (Jun y Daichi respectivamente, para los que no la vieron en latino). Espero que disfruten de la historia.


La rutina cada día es la misma: Bastion sale temprano por la mañana y regresa muy tarde por la noche, duerme, y otra vez al trabajo. Cuando tengo suerte me abraza en la cama, a veces también me besa. Ya no le pido sexo porque no parece gustarle y creo que yo tampoco lo disfruto. Bastion presta mucha atención a sus investigaciones y por eso nunca está en casa. Yo siempre estoy aquí, esperando a que él regrese. En su día libre se amotina en su estudio y sigue con el trabajo. Me reconforta saber que al menos ese día comemos en la misma casa. Cuando toco la puerta y él se tarda casi dos minutos en abrir, yo imagino que es para ordenar un poco antes de dejarme pasar (nunca me deja pasar, siempre toma el plato, me da una sonrisa y regresa a sus cosas). Es una vida silenciosa.
A veces mis hermanos llaman y entonces me alegro un poco, reafirman de mi decisión respecto a Bastion. Ellos no están satisfecho y reclaman con frecuencia: “¿Por qué nos sigues humillando?” “Un Princeton no puede tener relaciones tan poco convenientes”. Soy consciente de su molestia porque nada de lo que hago los satisface, así que no me importan sus comentarios. Bastion no sabe que mi familia lo desaprueba, siempre que insiste en ir a conocer a mis padres yo le sonrío y le aseguro que iremos cuando él tenga tiempo libre: “El día que tú quieras, Bastion, seguro que ellos te amarán”. Y ya hace un año que se lo repito.
El problema no es él, es su falta de memoria… o tal vez de tacto. La primera fecha que olvidó fue mi cumpleaños, y no fue gran problema porque tampoco es una fecha tan importante. No lo recordó, ni dijo nada al respecto, aun cuando vio el pastel en el refrigerador. Estoy seguro de que lo atribuyó a un antojo o a una de mis “extravagancias”, como él suele llamar a toda decisión que tomo o cosa que le pido. Todavía hoy no recuerda que mi cumpleaños fue hace meses. Tampoco recuerda cuando me prometió que celebraríamos navidad. Antes de mudarnos se lo pedí: “En navidad brindaremos juntos, ¿verdad?” “Claro, cada navidad a partir de ahora”. Pero ni siquiera regresó a casa esa noche, tampoco la siguiente. Volvió días después, el 31, a tomar un baño, ropa limpia y luego regresó a hacer ciencia. Ese día ni siquiera me miró, era como si no pudiera ver nada. No cruzamos palabras. Si no le reclamé fue porque su trabajo es importante para él, porque es lo que lo mantiene vivo y lo ayuda a que paguemos este departamento, donde me visita unas horas al día.
Se lo pedí hace una semana porque creí, ingenuo yo, que él recordaría si lo mencionaba cercana la fecha: “¿San Valentín? ¿No es eso cosa de adolescentes? Da igual, si es importante para ti podemos ir a cenar. ¿Eso te gustaría?”, y por la gran sonrisa que me dio, estaba seguro de que no iba a suceder.  Sin embargo, me alisté temprano y esperé viendo la T.V.; revisé en el móvil las publicaciones de quienes ya estaban con su pareja celebrando. Antes de ver el reloj, siempre cada diez minutos, voy a la ventana y veo la calle, confiando ciegamente en que Bastion bajará de un taxi con un lindo regalo, y yo deberé guardar compostura hasta que él llegue al departamento.
“Creo que tu novio olvidó su cita, jefe”. A veces los ojamas aparecen y me aturden, dicen cosas que no quiero escuchar. “Tal vez está saliendo con alguien más”. “¡Claro que no! Nadie puede ser mejor pareja que el jefe”. Y entre ellos pelean mientras intento serenarme. A las diez me resigno: él otra vez lo olvidó porque tiene cosas más importantes, cosas que lo mantienen vivo.
 Voy y tomo un baño o no podré dormir por el fijador en el cabello. Al vestirme escucho ruido afuera, parece que Bastion ya regresó. En el sillón de la sala está su abrigo y en la mesita de centro una caja de chocolates. No son caros y no tienen una presentación hermosa, pero ¡son para mí!, ¡un regalo! Abrazo el paquete.
En cuanto aparece Bastion me tiro sobre él para besarlo una y otra vez. No escucho sus intentos por alejarme y lo llevo a la habitación. Hace mucho necesito sentirlo cerca. No apago las luces, quiero verlo y que me vea. Me saco el pijama rápidamente y él me mira sobrecogido. Cuando sus manos finalmente tocan mi cuerpo me relajo. No detengo sus besos ni sus caricias que van de mi cuello a mis muslos. Mi novio, mi soporte, está aquí conmigo. ¿Qué importa el pasado?
“Gracias por recordarlo. Te necesitaba tanto, Bastion”. Lo abrazo y escondo mi rostro en su cuello. Él no me responde, se limita a acariciar mi espalda. “El chocolate… Te lo agradezco”. Otra vez silencio. Lo siento temblar y me separa un poco antes de darme un beso: “Me lo dio una compañera. No te pongas celoso, se lo dio a todos ahí. No estoy interesado en nadie más que en ti, lo juro”.
Y mientras escucho sus palabras una náusea me viene de repente. Me alejo aturdido, aunque intenta detenerme. No digo nada y él tampoco lo hace. Tomo el pijama antes de salir: “Dormiré en la otra habitación. Mañana tengo programada una conferencia en la Academia de Duelos y debo llegar temprano. Te dejo el desayuno en la cocina... Descansa, Bastion”. No viene tras de mí, y por el silencio asumo que se encerró en su estudio a continuar con sus cosas… Así es él  
Tras intentar dormir un poco, sin éxito, regreso a nuestra habitación. Parece que él duerme ya, y yo me meto entre las sábanas para dormir a su lado: Mi hombre, mi Bastion, al que siempre espero.
++++++++++++++++++++++++++++++
Cuando Chazz entró en la habitación, Bastion ni siquiera se movió: “Te amo, imbécil”. La peculiar expresión de Chazz cala en la tranquilidad del otro. Bastion aguarda unos segundos, duda sobre lo que es correcto, pero finalmente toma por la espalda a Chazz; lo abraza como reteniéndolo, ninguno se atreve a hablar. “Todo estará bien, solo debo prestar más atención a los detalles”, piensa Bastion, No sabe que en la mañana la rutina se repetirá indefinidamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sobre Fulgor Oscuro de Andrea de Pablo Rodríguez

  Fulgor Oscuro es una novela BL escrita por la autora española Andrea de Pablo Rodríguez, Licenciada en Filología Hispánica y Maestra en Es...